El Concilio Vaticano II nos recuerda que la Iglesia, después de la ascensión de Cristo, constituye su Cuerpo en la tierra, y es sacramento universal de salvación. Eso significa que la salvación ofrecida por Dios en Jesucristo y en el Espíritu Santo se nos da como tal en la Iglesia. Todo lo que Dios realizó en Jesucristo para nosotros se hace presente y actual hoy por los actos centrales de la vida de la Iglesia. Es a través de la Iglesia que Dios actúa a favor de los  hombres. Más, la Iglesia, ordenada al reino de Dios, necesita de medios humanos para llevar adelante su misión en medio de la sociedad. Esta misión no es otra que cumplir el mandato misionero realizado por el mismo Jesucristo: “Id y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19-20).

En el cumplimiento de esta misión, la Iglesia está presente en nuestro mundo en tres importantes campos: realizando una gran labor en la cultura y en la enseñanza; cuidando y atendiendo a las personas que más sufren y que están más necesitadas; y promoviendo la dimensión espiritual y religiosa de todo hombre. Este último aspecto, que no es otro que la función de santificar, la Iglesia lo cumple de modo peculiar a través de la Sagrada Liturgia (c. 834 §1), la cual se considera como el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo.

Es una venerable práctica, de inmemorial antigüedad, la ayuda de los fieles a la Iglesia para atender a sus necesidades y actividades así como al sustento de sus ministros. Entre las formas tradicionales de ayuda a la Iglesia están las colectas y las limosnas, en todas sus formas legítimas y honestas; y también los Aranceles, que son cantidades que se ofrecen con ocasión de unos servicios prestados de carácter administrativo o sacramental. La Iglesia no cobra por los sacramentos. Los sacramentos son gratuitos, puesto que la gracia de Dios no tiene precio que pudiera pagarse por ella y, además, es ofrecida de igual modo a todos los hombres. Los Aranceles son una ayuda a las necesidades de la Iglesia, una ofrenda que nace de la generosidad y del amor a la Iglesia, sabiendo que nadie puede quedar privado de recibir la asistencia espiritual que precisa por motivos económicos.

Los Obispos de la Provincia Eclesiástica Valentina, reunidos el día 16 de junio de 2008, en conformidad con lo que dispone el canon 1264, acordamos modificar, dentro de la moderación que caracteriza a los organismos eclesiales, los Aranceles estableciendo las aportaciones que han de realizarse con ocasión de la administración de sacramentos y sacramentales y aquellos actos de carácter administrativo tanto diocesanos como parroquiales. El contenido de este acuerdo fue remitido a la Sede Apostólica, que con fecha 29 de julio de 2008 aprobó los nuevos Aranceles.

 

Aquí se ofrece un pequeño resumen de los Aranceles, relativos a las celebraciones sacramentales que se desarrollan en la Parroquia y a los actos administrativos.

 

Estipendio de una misa.

10 €

Ofrenda con ocasión de una misa solemne no patronal

150 €

Ofrenda con ocasión de una misa solemne patronal

270 €

Ofrenda con ocasión del bautismo.

35 €

Ofrenda con ocasión de la celebración de un matrimonio en el templo parroquial

180 €

Ofrenda con ocasión de las exequias con misa

80 €

Ofrenda con ocasión de las exequias sin misa.

70 €

Ofrenda con ocasión de una misa de funeral sin el cuerpo presente.

70 €

Certificado de partida sacramental y de defunción.

8 €

Certificados (de estado, de buena conducta, consentimiento paterno...)

8 €

 

 

 

Consultar al párroco otros Aranceles diocesanos o parroquiales